Lo primero que hice al llegar a casa fue alimentar a mi pez, ¿quién más que yo lo puede alimentar? Prendí la computadora y me encontré con que Ernesto Sábato cumpliría hoy cien años, pero murió el 30 de abril. En uno de los artículos que habla de su centenario, citan sus memorias (Antes del fin): "De alguna manera, nunca dejé de ser el niño solitario que se sintió abandonado, por lo que he vivido bajo una angustia semejante a la de Pessoa: 'Seré siempre el que esperó a que le abrieran la puerta, junto a un muro sin puerta'".
Busqué entonces ese libro de Pessoa y no encontré ese triste poema firmado por Álvaro de Campos, "Tabaquería". Pero el libro tenía entre sus páginas un pedazo de papel como separador. Al principio pensé que ahí estaría lo que buscaba. Pero encontré otra cosa:
Página izquierda:
68
La nieve puso un mantel silencioso en la mesa de todo.
No se siente sino lo que sucede dentro de la casa.
Me arropo con el cobertores y no pienso ni siquera en pensar.
Siento un gozo animal y vagamente pienso,
Y me adormezco sin menos utilidad que todas las acciones del mundo.
Página derecha:
El penúltimo poema
A Ricardo Reis
También sé hacer conjeturas.
Hay en cada cosa aquello que es ella y que la anima.
En la planta está por fuera y es una ninfa pequeña.
En el animal es un ser interior y lejano.
En el hombre es el alma que vive con él y es él.
En los dioses tiene el mismo tamaño
Y el mismo espacio que el cuerpo
Y es la misma cosa que el cuerpo.
Por eso se dice que los dioses nunca mueren.
Por eso los dioses no tienen cuerpo y alma
Sino sólo cuerpo y son perfectos.
El cuerpo es para ellos el alma
Y tienen la conciencia en la misma carne divina.
7-5-1922
Y en medio de los dos poemas, separándolos de todos los demás y uniéndolos como si fueran una misma cosa, lo que resultó ser un papelito de galleta de la suerte: "Tendrá una vida pacífica y feliz".
1 comentarios:
Lo sabia: Todos somos pequeños niños solitarios...Con responsabilidades, cara y carácter de adulto.
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